El duelo de dejar de ser quien eras
— Helena Jose

Hay algo sobre el duelo que todavía no terminamos de comprender del todo.

Muchas personas creen que el duelo solamente existe cuando perdemos a alguien: un familiar,
una mascota, una persona que amamos.
Pero la verdad es que el duelo vive en el cuerpo cada vez que atravesamos una pérdida.

Se siente en ese vacío emocional que aparece cuando una etapa termina y no sabemos muy
bien quiénes somos después de ella.

El duelo también aparece cuando pierdes un trabajo en el que llevabas cinco años
construyendo una vida.
Cuando de repente ya no existen las rutinas, las conversaciones diarias, los colegas que se
habían convertido en una segunda familia.
Y entonces llega la pregunta incómoda:

“¿Ahora qué hago?”

Porque no solamente pierdes un empleo.
A veces también pierdes una versión de ti.

Sucede después de una separación, de un divorcio, del final de una relación importante.
No duele únicamente la ausencia de la persona.
Duelen los hábitos.
Las tradiciones.
La idea de futuro que habías construido.
La identidad que existía dentro de esa historia.

Y quizás una de las formas de duelo más silenciosas ocurre cuando dejamos de ser quienes
éramos.

Después de convertirte en madre.
Después de una crisis emocional.
Después de tocar fondo.
Después de sobrevivir algo que te cambió para siempre.

Porque llega un momento donde miras hacia atrás y entiendes que la persona que eras
antes… ya no está completamente allí.

Entonces comienza una lucha interna:
¿Quiero regresar a quien era antes?
¿o quiero convertirme en alguien nuevo?

Y si voy a convertirme en una nueva versión de mí…
¿Quién quiero ser ahora?

¿Qué partes de mi historia quiero conservar?
¿Qué heridas necesito sanar?
¿Qué patrones necesito dejar atrás?
¿Cómo recupero mi brillo después del dolor?

Creo que hablamos muy poco de esa etapa intermedia.
Ese espacio incómodo donde todavía no eres quien eras, pero tampoco sabes en quién te
estás convirtiendo.

Y quizás por eso tantas personas se sienten perdidas durante el duelo.
Porque no solamente están atravesando una pérdida.
También están atravesando una reconstrucción.

Por eso quiero comenzar a hablar más sobre esto.

Quiero acompañar a las personas en esas transiciones que pueden aparecer de muchas
formas distintas: una ruptura, un cambio de vida, una mudanza, la maternidad, una crisis
profesional, el agotamiento emocional o simplemente el despertar de una nueva conciencia.

Quiero recordarles que todo eso también es normal.

Que el duelo no siempre significa muerte.
A veces significa transformación.

Y aunque el proceso pueda sentirse confuso, incómodo o profundamente doloroso, muchas
veces también está creando el espacio necesario para que nazca una nueva versión de
nosotros.

Una versión más consciente.
Más honesta.
Más alineada.

Porque a veces la vida no nos está destruyendo.

A veces simplemente nos está enseñando a renacer.

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