No estás perdida, estás renaciendo
— Helena Jose

Hay un momento en la vida donde nos quebramos.
Y después de ese quiebre… ya no hay vuelta atrás.

Porque algo dentro de ti cambia para siempre.

Pero incluso sabiendo eso, tenemos miedo.

Miedo a avanzar.
Miedo al futuro.
Miedo a no saber cómo reconstruirnos después del caos.
Miedo a soltar lo poco estable que todavía nos queda.

Y muchas veces ese miedo no viene solamente del dolor emocional, sino también de la incertidumbre práctica de la vida:
¿qué hago ahora?
¿cómo sigo?
¿cómo organizo mi mente, mi corazón y mi vida después de sentirme completamente rota?

Entonces entramos en un espacio intermedio.

Ese lugar extraño donde ya no eres la misma persona que eras antes… pero todavía no sabes en quién te estás convirtiendo.

Y allí aparece la crisis de identidad.

Porque venimos de vivir durante años en supervivencia:
hiper alerta, agotamiento, ansiedad, desconexión emocional, sosteniendo demasiado por demasiado tiempo.

Hasta que un día simplemente ya no podemos más.

Y entendemos que algo tiene que cambiar.

Pero aquí está la parte incómoda:
el renacer no siempre se siente bonito al principio.

Muchas veces se siente como confusión.
Como duelo.
Como caos.
Como sentir que todo se está derrumbando al mismo tiempo.

Y sin embargo, también hay algo poderoso ocurriendo en silencio.

Porque llega un momento donde la burbuja de tu vida comienza a sentirse pequeña.
No porque hayas fallado.
Sino porque tu alma ya está lista para algo más grande.

Entonces entiendes que ya no puedes seguir viviendo igual.

Y ahí sucede uno de los cambios más importantes:
dejas de esperar que algo externo venga a salvarte y comienzas a tomar decisiones.

Decisiones pequeñas.
Consistentes.
Firmes.

Y ese fue uno de mis mayores descubrimientos:
muchas veces no se trata solamente de crear hábitos.
Se trata de decidir.

Decidir avanzar.
Decidir elegirte.
Decidir dejar de postergarte.
Decidir qué tipo de vida quieres construir.

Porque cuando realmente tomas la decisión de cambiar, la energía empieza a moverse.

La procrastinación pierde poder.
Las ideas comienzan a ordenarse.
La claridad aparece.
Y poco a poco vuelves a tomar el control de tu vida.

Pero también entendí algo más:
cuando comienzas a alinearte con tu propósito, no todo se acomoda de forma cómoda.

A veces se rompen relaciones.
Se terminan trabajos.
Te toca mudarte inesperadamente.
Se caen estructuras que parecían estables.
Y por un tiempo incluso puedes sentirte sola.

Pero quizás todo eso también forma parte del proceso.

Porque muchas veces la vida necesita romper ciertos patrones, vínculos y versiones antiguas de ti para abrir espacio a lo nuevo.

Y aunque duela… ahí también comienza el verdadero renacer.

Ese momento donde decides construir tu futuro desde otro lugar.

Más consciente.
Más alineado.
Más honesto contigo.

Porque después del duelo emerge una nueva mujer.

Una mujer que regresa a sí misma.
Una mujer que comienza a recordar su luz.
Una mujer que ya no solamente sobrevive.

Ahora empieza a brillar.


Extracto de La Mujer Supernova

La siguiente oración nació en uno de los momentos más importantes de mi propio proceso de transformación.
Es una invitación a cerrar ciclos, honrar tu renacer y regresar a la mujer que siempre vivió dentro de ti.

Llamo la energía femenina de vuelta a mí.
Llamo la paz que la acompaña.
Hoy elijo la suavidad porque conozco mi fuerza.

Cierro las puertas a versiones obsoletas de mi ser.
Despido al dolor y agradezco las lecciones aprendidas.

Declaro que mi corazón está listo:
Hoy atraigo hacia mí amor consciente, maduro y protector.

Atraigo abundancia.
Atraigo oportunidades alineadas con mi propósito.
Atraigo una tribu que crece conmigo.
Atraigo una hermandad que vibra alto.

Hoy me abro al brillo.
Hoy me abro al florecimiento.
Hoy me elijo.

Gracias, gracias, gracias.
Así es.

Para cerrar, respira una última vez.

Lento.
Profundo.
Sagrado.

Cuando abras los ojos, recuerda:

No regreses a la mujer que fuiste.
Ya estás vibrando como la mujer que naciste para ser.

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